Venezuela en ARCO Madrid 2026

Revista Estilo / Online
Carla Duarte Vidal, Artículo, Marzo 26, 2026
ESTRELLAS – CARMEN ARAUJO ARTE + BEATRIZ GIL GALERÍA — CARACAS
Dos galerías caraqueñas decidieron presentarse juntas en ARCOmadrid 2026. Carmen Araujo Arte, fundada en 2010 en la Hacienda La Trinidad, ha consolidado una línea de trabajo atenta a las relecturas de la modernidad, a las formas en que América Latina piensa y a las fracturas políticas y sociales que atraviesan el presente. Beatriz Gil Galería, fundada en junio de 2004 en Las Mercedes como continuación de la Galería Artepuy, ha sostenido durante más de dos décadas una labor de articulación entre artistas emergentes venezolanos y figuras de trayectoria consolidada. Su alianza en ARCOmadrid hizo visible una comunidad de afinidades, apuestas y energías reunida desde Caracas.
Alexander Apóstol — El Estado como espectáculo
Alexander Apóstol mira de frente al poder político latinoamericano y convierte esa mirada en arte. Nacido en Barquisimeto en 1969, radicado en Madrid, es uno de los artistas venezolanos con mayor proyección, y su presencia en el stand compartido tenía el peso de una afirmación.
 Su trabajo se mueve en la intersección entre estética y construcción política: cómo los proyectos nacionalistas y populistas fabrican identidades, cuerpos e imaginarios colectivos. La serie Régimen: Dramatis personae, con retratos que encarnan arquetipos de la política venezolana, son ejercicios de disección visual donde la imagen concentra toda la carga crítica, y Junta patriótica activa, ya desde el título, una memoria política latinoamericana hecha de alianzas, fracturas y relatos de poder. Su formato en cuatro piezas refuerza esa idea de montaje: lo político no aparece como bloque compacto, sino como construcción fragmentaria, escenificada y susceptible de desmontaje.
En ARCO, sus obras seguían esa línea: el arte como instrumento de análisis, Venezuela como caso de estudio con resonancia universal. Apóstol examina, desmonta y expone. En esa precisión metódica reside buena parte de su potencia.
Génesis Alayón — La intimidad como umbral
Génesis Alayón, Villa de Cura, estado Aragua, 1995, ha desarrollado una pintura atenta a las tramas sociales que se inscriben en los espacios cotidianos. En ARCO presentó dos óleos de 2026 donde la fachada doméstica se vuelve una escena de tensión contenida. La reja protege, separa. La ventana deja pasar la luz y administra la exposición de lo íntimo. En esa arquitectura mínima aparece una vulnerabilidad que no necesita subrayarse para hacerse visible.
 Bernadette Despujols — El cuerpo bajo presión
Bernadette Despujols, Barquisimeto 1986, trabaja en un territorio donde pintura y experiencia corporal se cruzan con la intimidad y las construcciones culturales de lo femenino y lo actual. Lago, su óleo sobre lino, condensa bien esa investigación. Una nueva Ofelia parece emerger y deshacerse al mismo tiempo dentro de una materia pictórica densa como una selva, como si el cuerpo estuviera sometido a una presión física y psíquica.
Theo Guédez — El imaginario herido
Theo Guédez, Caracas, 1983, pintaba desde niño figuras exageradas y llevó a ARCO un conjunto de piezas de cerámica esmaltada, gres y arcilla, y óleos donde reaparece un mismo clima: rostros, símbolos y cuerpos atravesados por precariedad, devoción popular, memoria y una energía expresiva visceral. Guédez trabaja desde la herida y la convierte en lenguaje visual. Su obra bebe de la religión, el espiritismo, la santería, el barrio y la imaginación, convirtiéndose en una explosión de creatividad con un lenguaje propio.
Juan Iribarren — La pintura como problema de luz
Caracas, 1956. Vive en Nueva York. La obra de Juan Iribarren habla de algo que trasciende las coordenadas geográficas: la posibilidad de que la pintura abstracta siga teniendo algo decisivo que decir, que las formas y los colores alcanzan antes que las palabras. Con obra en importantes colecciones internacionales, es uno de los pintores venezolanos con mayor presencia fuera del país. Sus telas en ARCO, todas sin título, son ejercicios de disciplina radical: líneas verticales que caen, planos que se interpenetran, grises que de pronto ceden ante un amarillo o un azul. Pinturas que registran el momento en que la geometría empieza a vibrar.
Jorge Pedro Núñez — El objeto que recuerda
Caraqueño de 1976, radicado en París, Jorge Pedro Núñez trabaja en la frontera entre escultura, ensamblaje e instalación. Sus piezas son dispositivos relacionales: montajes donde la historia del arte moderno choca con objetos de la cotidianidad, produciendo colisiones que obligan a pensar. En ARCO presentó Onda gravitacional, una escultura hecha con raquetas de bádminton cubiertas de tela, yeso y pintura. El objeto deportivo, el material de construcción y la superficie pictórica conviven hasta producir algo irreductible a cada uno de esos registros. Núñez trabaja en esa brecha. Ahí respira su obra.
Tony Vázquez-Figueroa — El petróleo como destino visual
Tony Vázquez-Figueroa, Caracas, 1970, vive entre Miami y Ciudad de México. Ha construido una práctica que atraviesa la pintura, la escultura, el ensamblaje y la fotografía. En ella, el petróleo y sus derivados, bitumen, caucho, resinas, son sustancias cargadas de historia que convierte en emblemas de una modernidad fallida. En ARCO, sus obras desplegaban una poética del deterioro: el brillo negro, la densidad táctil de las superficies transformaban cada pieza en una especie de espejo capaz de devolver no solo el reflejo del espectador, sino el sedimento simbólico de una cultura definida por la promesa petrolera y por sus ruinas.